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Para qué lucharon los mayas en la guerra social de 50 años; Paul Sullivan describe a líderes rebeldes de carne y hueso

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La Guerra de Castas en la península de Yucatán duró de 1847 a 1901, y se ha dividido en tres etapas: de 1847 a 1849, con los primeros líderes, como Antonio Ay, Cecilio Chi y Jacinto Pat; la segunda, de 1850 a 1860, con los caudillos Crescencio Poot, Dionicio Zapata, Leandro Santos, Bernardino Cen, entre otros; y tercera, de 1861 a 1901, resistencia mediante guerrillas y reducida a la zona oriental agreste de la península, hoy estado de Quintana Roo.

A lo largo de décadas, el movimiento evolucionó, pero siempre estuvo presente, hasta que fue oficialmente extinguido por el presidente Porfirio Díaz, en 1901, quien lo había intentado sin éxito desde el inicio de su gobierno en 1884, pero insistió porque era un tema de seguridad nacional y consolidación de la frontera sureste mexicana en el lejano Caribe mexicano, ante la amenaza expansiva de Honduras británica. En 1898, envió a Othón P. Blanco a fundar Payo Obispo en la desembocadura del río Hondo, frontera con Belice, hoy Chetumal, capital de Quintana Roo.

Conversaciones inconclusas

El antropólogo Paul Sullivan desarrolló una investigación entre 1978 y 1980, quien vivió ese tiempo en la localidad quintanarroense de Tuzik, sobre los motivos que impulsaron este movimiento social armado, destacando siempre la causa “Abolición de la desigualdad racial”, tema recurrente en todos los documentos que registran intentos de negociación y fin de la guerra.

Fue uno de los primeros investigadores en presentar la parte humana de los líderes rebeldes mayas; no solo como jefes militares, sino como hacendados, comerciantes y gente de poder, con odios y amores; rencores y causas.

De esta investigación resultó el libro Conversaciones inconclusas (1991), un clásico de la literatura antropológica mayista; además de otros dos ensayos publicados por la Universidad de Quintana Roo, ¿Para qué lucharon los mayas rebeldes? y Vida y muerte de Bernardino Cen. Ambos textos se podrán consultar en la biblioteca del Centro INAH Quintana Roo, de próxima reapertura.

Caudillos hacendados y comerciantes

Además de la causa de la “desigualdad racial”, de ahí el nombre “Guerra de Castas”, económica y social, los dirigentes rebeldes también tenían motivos propios, desde económicos, productivos y comerciales con armas, palo de tinte, maderas preciosas, hasta temas de rencor racial, ego y prestigio ante sus subordinados, para mantener y fortalecer sus liderazgos.

Los líderes rebeldes mayas eran de familias indígenas acomodadas; caciques y hacendados que sabían manejar gente, modos de producción y comercio, desde antes del estallido de 1847.

La nación maya rebelde

Después de la fallida toma de Mérida, en 1848, los mayas rebeldes se refugiaron en la selva para evadir el exterminio y asentaron la nación maya entre la selva, con gobierno y ejército propio, teniendo como capital Santa Cruz (Noh Cah Santa Cruz), hoy Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, desde donde coordinaban los cuarteles ubicados en diversos puntos y comunidades de la región más oriental de la península.

En 1853, retomaron la iniciativa de guerra y durante el siguiente medio siglo atacaron y asaltaron cantones militares, ranchos, asentamientos de la llamada frontera yucateca y puntos más cercanos a Mérida. Igualmente, enfrentaron múltiples embestidas militares que intentaban someterlos. Eran dos ejércitos enfrentados 50 años: las fuerzas federales yucatecas y el ejército rebelde maya.

Dos asaltos anuales durante 23 años

“Entre 1853 y 1899, Santa Cruz y aliados (Chun Pom, Tulum, Muyil, San Antonio y otros pueblos de la región oriente de la península) lanzaron 51 asaltos contra poblaciones de Yucatán. Entre 1853 y 1875, por lo menos, hubo dos asaltos anuales durante 23 años. Esto y otros puntos asaltados, de menor resonancia histórica, documenta Sullivan.

Además de la desigualdad racial, libre acceso a la tierra y autonomía, había motivos personales entre los caudillos mayas, cuya estructura no era homogénea, sino que entre ellos había intereses, enfrentamientos y alianzas, sostiene Sullivan, en el primer ensayo.

Por ejemplo, el conflicto fatal entre Crescencio Poot y Bernardino Cen, en 1875; y la destitución violenta de Venancio Puc, en 1864, que el investigador aborda en Vida y muerte de Bernardino Cen, uno de los últimos caudillos mayas.

La sociedad rebelde se transformó, los líderes habían establecido haciendas y tenían intereses, patrimonio y mano de obra que defender, sin dejar de ser caudillos militares; participaban en sistemas productivos y redes de comercio, además de relaciones con comisionados de paz mexicanos y agentes extranjeros de Estados Unidos y del Imperio británico, principalmente, con quienes comerciaban armas y productos, como madera preciosa, palo de tinte, cacao, miel, algodón, entre otros.

Con el relevo generacional, la causa se transformó y menguó, hasta convertirse en resistencia cultural; en algún momento, dejaron de tener como objetivo reconquistar toda la península y pasaron a defender el territorio, el autogobierno y la dignidad maya.

Ambos libros de Paul Sullivan son tesoros del acervo de la biblioteca del Centro INAH Quintana Roo, la cual pronto volverá a abrir sus puertas al público, estudiantes e investigadores.

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