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‘Stealthing’, la nueva moda sexual que no gustará a tu pareja

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Tengas pareja estable, habitual, esporádica o de una noche, hay acuerdos a los que se llega que todos deben respetar. Y si el hombre va a utilizar preservativo, y hay acuerdo entre todas las partes, no puede quitárselo sin avisar, y luego fingir que sí lo llevaba puesto. Eso es el ‘stealthing’.

Una práctica que lleva estando de moda desde el año 2017 con este nombre, pero que recientemente ha sido calificada como abuso sexual e incluso violación en varios estados de Estados Unidos. Te contamos por qué.

El peligro del ‘stealthing’
Embarazados no deseados, enfermedades de transmisión sexual, pero hay más. Porque la ley ha entrado de lleno en este sentido, y son muchas las mujeres que han denunciado a sus parejas por violación, porque se rompió el acuerdo al que llegaron y ellas no dieron el consentimiento para quitarse el preservativo. En los estados de California y Wisconsin es delito.

En una sociedad donde muchas parejas tienen sexo esporádico con quien quieren, cuando quieren y como quieren, respetar una norma tan básica como el preservativo es una señal de protección para ambas personas. Tanto para proteger tu salud, como para evitar responder más adelante a cuestiones relacionadas con enfermedades, como evitar un embarazo que no se desea. Es algo muy simple.

No es un hecho casual, no es una tontería, no es algo que uno se pueda tomar a broma. Hay mucho en juego, y para empezar es la confianza, el acuerdo verbal de los términos de esa relación consentida. En Alemania en 2018 un policía fue condenado por realizar esta práctica, tanto a multa económica como a meses de cárcel.

Incluso desde las asociaciones de víctimas de abusos sexuales y violaciones se insta a que el nombre que se le ha dado, ‘stealthing’ no sea tal, puesto que parece responder precisamente a algo divertido, casual, sin importancia. Y no lo es.

Además del momento de tensión de darse cuenta de que el preservativo no se ha utilizado, la ruptura de confianza y de los términos de la relación, comienza para la persona que no lo sabía días de tensión ante pruebas médicas, análisis, y sentirse totalmente engañada en algo tan íntimo como es proteger su salud y su sexualidad.

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¿Por qué algunas mujeres solo llegan al orgasmo masturbándose?

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Los problemas hay que atacarlos de raíz, pero cuando se trata de sexo la cosa se complica. Aunque tenemos la sensación de que cada vez se habla con más libertad y menos tabús de la sexualidad, siguen existiendo temas que provocan más vergüenza que otros. Y en el caso de las mujeres la masturbación y la dificultad de llegar al orgasmo en pareja, son dos del los más complicados de abordar.

Seis de cada 10 mujeres españolas tienen problemas para llegar al orgasmo cuando mantienen relaciones sexuales con sus parejas, según una encuesta realizada por la marca de preservativos Control. Esto no quiere decir que un 60% de las mujeres sea incapaz de llegar a experimentar orgasmos. Al contrario, es bastante habitual que sean capaces de llegar al clímax a solas. Entonces, ¿por qué no lo logran en pareja?

Aunque pueden ser muchos los factores que influyan, hay algunos que pesan más que otros. Según los expertos uno de los más importantes es el modelo sexual al que estamos acostumbrados. Este está basado en la penetración y esto no favorece el orgasmo de la mujer, que necesita de la estimulación del clítoris para conseguirlo. Y el segundo factor que más afecta es el estrés que se puede traducir a estar inquieta, sentirse incómoda. Para poder llegar al orgasmo es necesario encontrarse tranquila y sin preocupaciones y dejarse llevar por las sensaciones.

Para tener un orgasmo hay que estar relajada y desinhibirse y eso a veces no es tan fácil, y más cuando tenemos a una persona al lado, atenta a nuestras reacciones. Esto no sucede cuando te masturbas. Cuando estás tú sola estas más relajada, sabes qué es lo que sientes y lo que te gusta y cómo te gusta. También estas más relajada y con la mente más despejada, en ese momento solo estás pensando en ti.

En cambio cuando estas con tu pareja sueles centrarte en el placer del otro más que en el propio y eso no te permite disfrutar del todo.

El querer tener todo bajo control es otro obstáculo que impide que llegues al orgasmo. Cuando tenemos un orgasmo vivimos un momento de descontrol, pero si en vez de dejarte llevar te pones a pensar en cómo te ves, en qué igual no estás tan atractiva o que no eres lo suficientemente buena en la cama será muy difícil que consigas llegar al orgasmo.

Pero tenemos buenas noticias si logras el orgasmo a solas podrás conseguirlo en pareja solo debes relajarte, hablar con tu pareja y explicarle “cómo y dónde” y cuando menos pendiente estés y más te dejes llevar y disfrutes más cerca estarás de llegar al orgasmo.

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Masturbación en solitario: no es señal de que algo vaya mal en la pareja

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Para algunas personas, el hecho de que su pareja se masturbe puede ser difícil de entender. Su descubrimiento puede resultar incluso un episodio traumático, que lo llena de preguntas: ¿Por qué lo hace? ¿Es que ya no se siente deseo por mí? ¿No tiene “suficiente” conmigo?¿Lo hace pensando en alguien más? Esas y otras preguntas acuden a la mente y la duda puede ser el germen para inseguridades y problemas.

La respuesta que se presenta como más evidente es que quien se masturba lo hace para obtener un placer inmediato. Pero no es la única. A menudo, explica Martínez, sobre todo los hombres, lo hacen para desestresarse, para descargar tensiones”. Además, al tener sexo con alguien hay que tener en cuenta a la otra persona, y puede ser que, en un momento dado, alguien desee obtener placer sexual sin tener que preocuparse por lo que le apetezca al otro. “La masturbación es un deseo que piensa en uno mismo: busco mi propia satisfacción, conecto conmigo mismo”, define la especialista. Y aclara, por si fuera necesario: “No hay en ello nada de negativo”.

Beneficios de la masturbación para la pareja

Sin embargo, hay una razón de mayor importancia, por la cual la masturbación individual aunque se tenga pareja puede ser incluso saludable. Lo que sucede en muchos casos, sobre todo en las parejas que llevan juntas un tiempo relativamente prolongado, es que las personas “tienen diferentes niveles de deseo”, apunta Martínez.

Y no hay ningún problema en ello: es algo normal. Si la persona que tiene un nivel de deseo superior solo puede satisfacerlo con su pareja, le va a pedir más relaciones sexuales. ¿Qué pasa entonces con esa persona cuyo nivel de deseo es menor? “Se va a sentir forzada, obligada -subraya Martínez-. Incluso a veces muchas personas me dicen: ‘Es que me sabe mal, porque a veces la otra persona tiene ganas y yo no'”.

Si la persona que tiene un nivel de deseo superior no se puede masturbar “se limita mucho su libertad”, añade la especialista. “En cambio, si existe esa opción, eso no sucede. Es una salida intermedia: hay veces que tenemos relaciones juntos y hay veces que no”. De esta manera, “tener dos vías para satisfacer ese deseo hace que las dos personas tengan relaciones sexuales cuando realmente les apetezca, y no se sientan obligadas o condicionadas por el deseo del otro”.

Por motivos culturales profundos, la masturbación es una práctica que conserva muchas connotaciones negativas. Sin embargo, “el mero hecho de masturbarse es sano”, enfatiza Carmen Bermejo Romero, psicóloga clínica y sexóloga. Por varios motivos: “Permite conocer el propio cuerpo, ver qué estímulos apetecen y cuáles no, identificar nuestros ‘centros de placer’, ya que las zonas erógenas no siempre son las mismas en distintas personas -apunta esta experta-. Así, por ejemplo, hay a quienes les encanta que les masajeen la cabeza, y a quienes por el contrario eso les resulta molesto”. Puedes saber más en Nueve beneficios de la masturbación que no implican un orgasmo.

Por otra parte, añade Bermejo, “la respuesta a lo que nos resulta excitante va cambiando con los años, la experiencia y la situación de cada uno: lo que hoy nos apetece, a lo mejor mañana no”. No solo eso: cuando los miembros de una pareja se masturban, indica la sexóloga, “pueden compartir las experiencias que han tenido durante su autoestimulación, de manera que la otra parte disponga de mayor información sobre cómo actuar en su interacción sexual”. Es decir, lejos de ser un problema, las masturbación individual puede contribuir también en este sentido con la salud sexual de la pareja. “Los miembros de una pareja deberían aprender a fijarse cada uno en cómo se autoestimula el otro -recomienda Bermejo-, así como a masturbarse mutuamente”.

Cuándo la masturbación puede ser señal de problemas

Muy distinto es el escenario, por supuesto, si con la masturbación individual disminuye o se sustituye el sexo en pareja. “Hay que ver qué es lo que está pasando para que tú no quieras compartir el sexo con tu pareja”, señala María Martínez, y suma otra pregunta importante: “¿Para qué tienes relaciones sexuales con tu pareja?”. Si la respuesta se limita a la búsqueda del placer físico, pues es hasta normal que con la masturbación tenga suficiente. En cambio, si el sexo va más allá y busca conectar con la otra persona, acercarse a ella, crear y compartir momentos de intimidad, habría que ahondar en la razones por las cuales se está produciendo esta disminución de las relaciones sexuales.

“No pocos pacientes, hombres y mujeres, acuden a consulta cuestionándose si es que la otra persona ya no los quiere o no se siente atraída por él o ella y si por eso prefiere masturbarse a solas, por ejemplo viendo un vídeo”, revela Carmen Bermejo. En general, el descubrimiento de que el otro se masturba a solas unido a una evidente disminución o ausencia de sexo de a dos “conlleva no pocos problemas de autoestima e inseguridades, lo que puede acarrear una crisis de pareja”. Las respuestas a qué es lo que podría estar yendo mal pueden ser, desde luego, muy variadas, pero Bermejo considera que “fundamentalmente habría un problema de comunicación”.

Es decir, que uno de los miembros de la pareja no esté siendo capaz de expresar al otro sus anhelos, cómo se siente a nivel sexual, los cambios que le gustaría incluir en sus relaciones, sus fantasías, etc. La falta de comunicación y, sobre todo, de explicaciones convincentes “abre el camino al peligroso campo de las especulaciones, con todo el sufrimiento emocional e inseguridad que eso conlleva”, remarca la especialista. Por ello, el diálogo es fundamental también en este sentido. Si se percibe que es un problema al que no se le halla solución, la terapia de pareja podría resultar una ayuda eficaz.

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¿Puede dañar la salud la falta de relaciones sexuales?

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A menudo se habla de los beneficios del sexo para la salud. Pero ¿también se cumple la regla a la inversa? ¿Acaso la falta de sexo es perjudicial? La ciencia hasta el momento no ha hallado evidencias que permitan afirmarlo de forma categórica. En cualquier caso, lo seguro es que la abstinencia sexual impide gozar de las ventajas de una vida sexual activa. Y también que puede haber ciertas consecuencias negativas a nivel psicológico.

Esas consecuencias negativas se producen cuando la falta de sexo no se debe a una decisión propia -que puede estar basada en motivos morales, religiosos o de otra índole- sino a que la persona desearía tener relaciones pero existen obstáculos que se lo impiden. Por ejemplo, porque le genera dolor. Un estudio realizado por científicos de Bélgica determinó que las mujeres con dispareunia (el dolor o la molestia ocasionada por el coito) veían afectada su autoestima y quedaban más expuestas a sufrir cuadros de depresión y ansiedad.

Otro factor importante es el estrés, que en su relación con el sexo establece una especie de círculo vicioso o virtuoso, según el caso. Es bien sabido que un elevado nivel de estrés constituye una de las principales causas de la inhibición del deseo sexual. Pero también se ha comprobado que las relaciones sexuales contribuyen a reducir los niveles de estrés.

Es decir que, si la abstinencia sexual se debe al estrés, no encontrar los momentos de relajación o de tranquilidad para tener sexo es perderse un recurso para que ese estrés se reduzca. Un trabajo científico, además, halló que son los coitos vaginales los que más contribuyen con la reducción del estrés, más que cualquier otra actividad sexual.

Deseo sexual, neurogénesis y agresividad

De la misma forma, el deseo sexual es mayor cuando se mantienen relaciones sexuales con regularidad, y cuando estas no se producen, el deseo se reduce. La razón es estrictamente química. Durante el acto sexual, el cuerpo segrega grandes cantidades de endorfinas (leer los nueve beneficios de la masturbación, más allá del orgasmo), unos neurotransmisores que producen bienestar y felicidad.

Quien practica sexo con regularidad tiene muy presentes -aun de manera inconsciente- estas sensaciones placenteras y desea volver a tenerlas. Cuando alguien, en cambio, pasa mucho tiempo sin practicarlo, esa conexión se pierde, como si el cuerpo lo “olvidara”. La libido, en esos casos, se canaliza en otras direcciones.

Algunos trabajos científicos también han llegado a la conclusión de que la actividad sexual contribuye con la producción de nuevas neuronas, algo especialmente valioso en las personas de más edad. En concreto, un artículo de 2013 sugería que -en un experimento realizado con ratas- “la experiencia sexual repetida puede estimular la neurogénesis en adultos y restaurar la función cognitiva”.

Aunque en ocasiones esto se simplifique con la frase “el sexo te hace más inteligente”, el verdadero valor estaría en la posibilidad de prevenir los problemas de memoria y otras afecciones, como la demencia y el alzhéimer. Pero también en este caso no se trataría de un perjuicio en sí mismo, sino de un beneficio del sexo que, quienes no lo practican, no pueden aprovechar.

Hay una posibilidad más: la de que la falta de sexo tienda a hacer a las personas más agresivas. Manuel Lucas, presidente de la Sociedad Española de Intervención en Sexología (SEIS), dedicó su libro Sed de piel (basado en tu tesis doctoral) a la necesidad de contacto, apego y cariño del ser humano, y a cómo en ciertas culturas ese contacto se produce y en otras no. Entre sus conclusiones, apunta que las sociedades sexualmente más abstinentes o reprimidas son las más agresivas, algo que podría también trasladarse a las personas individuales.

¿Por qué no tener sexo?

Como ya se ha destacado, un motivo común por el cual algunas personas deciden abstenerse de tener relaciones sexuales son sus creencias morales o religiosas. Pero existen otras circunstancias que llevan a algunas personas a pasar largas temporadas sin hacerlo. Entre ellas se pueden destacar una ruptura sentimental dolorosa, una enfermedad (propia o de la pareja), viudez o pasar tiempo lejos de la pareja por causas laborales o de fuerza mayor.

Más allá de esas situaciones, los beneficios del sexo están ahí para ser aprovechados. Pasados los 60 años, tener relaciones con regularidad hace que las personas luzcan y se sientan más jóvenes, potencia el corazón, combate el insomnio y reduce en los hombres el riesgo de cáncer de próstata, entre otras ventajas que también se dejan de aprovechar cuando no el sexo falta.

No obstante, el psicólogo social Álvaro Tejedor destaca en un artículo cinco motivos para no tener relaciones sexuales. Se trata de situaciones específicas en que practicarlas puede contribuir con una caída de la autoestima. Desde luego, no es que en estos casos los beneficios del sexo desaparezcan, sino que en estos casos serían menores que sus posibles perjuicios.

Tales situaciones son las siguientes:

Cuando hay una infidelidad

Cuando se busca tener sexo solo como una forma de obtener cariño o de llamar la atención

Cuando es una herramienta para subir la autoestima social

Cuando se pretende que la actividad sexual sea un “parche” que oculte problemas

Cuando se padece de una adicción al sexo o hipersexualidad

En estos casos, la sugerencia es tratar el problema de fondo -si es necesario, con ayuda profesional- para que, una vez solucionado, el sexo sea solo lo que debe ser: una parte de la vida saludable de las personas.

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